Desde ideas didácticas y sus fundamentos científicos hasta actividades digitales creativas, en este blog encontrarás conocimiento y experiencias. De especialistas y expertos, docentes, amigos, alumnos y sus familiares. Podés mandarnos tus producciones e ideas a rosakaufman@gmail.com, o comunicarte por Whattsap al +54 911 51472984 y consultarnos sobre los Cursos para niños y docentes.
jueves, 6 de agosto de 2020
3D CON SKETCHUP Y LENGUA, REALIZADO CON MIRIAM GUAGNINI

Al momento de la clase de Zoom que compartimos con la profesora, ellos estaban repasando y cerrando el tema "Sufijos". Abrimos esa actividad y trabajaron con ella el tema en Lengua.
3. Seguimos con profesora Gabriela Uzurdiaga.
Los alumnos elaboraron 3 pizarras.
En las dos primeras escribieron un listado de palabras desordenadas.
Al momento de la clase de Zoom tenían que armar junto a la profesora, las palabras compuestas en la tercera pizarra. Esto lo hicieron moviendo las palabras que tenían escritas
Por ejemplo: Tocadiscos.
2. En este caso con la misma profesora Gabriela Uzirdiaga, seguimos trabajando sufijos pero de otra manera.
Los alumnos en Informática hicieron una actividad de armado de carteles e insertaron una imagen sobre ellos.
Al momento de la clase de Zoom, ellos, con la ayuda de la profe, debían adivinar la palabra.
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DESCARTES
Hoy en cuarentena desde hace tantos días, adquieren otra dimensión las series de descartes -tecno o no- que consigo semana tras semana visitando las ferias de pulgas.
Ya no parece tan inagotable mi colección de tesoros encontrados entre los objetos olvidados, rotos, perdidos o abandonados, que utilizo para la creación de mis cajas.
miércoles, 5 de agosto de 2020
EL BREDUNCO, DE ÁNGEL TORRES
Poesía que describe el drama ecológico sufrido por el río Cauca (Bredunco, para los pueblos originarios de Colombia, de la región de Antioquia, con capital en Medellín).
Este me parece muy interesante para que los adolescentes generen historias sobre lo que se cuenta en esta poesía.
El Bredunco
Y todo en un día
majestuoso, de sur a norte
mágico recorres las andinas cordilleras,
bañando los valles con tus aguas cantarinas
al comienzo oscuras, luego esmeraldas.
Sobre ellas los barcos,
sobre ellos las gentes, sus sueños, sus ansias,
el fruto del trabajo, sus esperanzas.
Llevabas con ellos su música,
la cumbia y el ballenato,
el deseo tropical y la húmeda selva,
las canciones y sus bellos pájaros.
Antioquia no supo, no pudo
defender entonces, Bredunco sagrado,
tus verdes corrientes
y la mole de cemento cerró tu cauce,
clausuró tus venas,
cerró tu garganta.
Ya no pasó el torrente,
tu lecho quedó estéril
y la sangre se secó en tus venas
hasta fenecer.
Hidroituango cercenó tu caudalosa vertiente.
Hoy los peces agonizan sobre las secas rocas,
las embarcaciones se deshacen, corroídas en tu limo
y las gentes, horrorizadas en tu muda sequía
corren, corren,
para tratar de salvar los peces de una muerte de arena.
Y no, no, no…
No alcanzan los brazos en la inmensa agonía,
no quedan más barcos en el lecho yermo
no hay más vida.
El Cauca, padre gigante de verdes aguas y esperanzas,
yace hoy, muerto.
Y todo en un día.
Mirá otra imagen 360 del Río Cauca:
MODELOS DE SIMULACIÓN EN NETLOGO, POR CRISTIÁN RIZZI: ESPECIE HERBÍVORA
Estoy trabajando en programación en bloques de modelos de simulación de NetLogo.
Es lo que los americanos llaman "Code First Learning Environment", donde la idea es que no haya que aprender un lenguaje para programar, sino que sea un trabajo intuitivo y dentro de un dominio, como por ejemplo un modelo de simulación.
Veamos un ejemplo:
Especie herbívora
Es una simulación programable sobre cadena trófica y poblaciones en ecología (lo que vas a ver es un modelo posible pero podés mover los bloques de abajo, programar vos como quieras lo que quieras y luego correr el simulador de nuevo, o sea, los chicos programan su simulador).
Ingresá para experimentar con este modelo:
El código en NetLogo es:
; Code for Bloques para programar la especie herbívora
to bloques-alimentarse
if pcolor = (green)
[
set energía energía + 3
set pcolor brown
]
if pcolor = (yellow)
[
set energía energía + 1.5
set pcolor brown
]
end
to bloques-morirse
if energía <= 0
[
die
]
end
to bloques-moverse
fd random-float 1
lt random 10
rt random 10
set energía energía - 0.2
end
to bloques-reproducirse
if energía >= 25
[
set energía (energía / 2) hatch 1
]
end
martes, 4 de agosto de 2020
TECNOLOGÍA CREATIVA: TRABAJOS DE ALUMNOS
![]() |
| DE LA SECCIÓN DIARIO DEL LIBRO Durante casi dos años, entre 2018 y 2019 trabajamos con Daniel en el Instituto Pedagógico Mi Amanecer, en el que llevamos a cabo muchas de las actividades que proponemos en Tecnología Creativa, y si bien, los nombres de los alumnos que se ven en las páginas que voy publicando en mis blogs, se quitaron de la versión definitiva, por cuestiones de protección de la identidad de los niños, acá se pueden ver :) |
lunes, 3 de agosto de 2020
domingo, 2 de agosto de 2020
sábado, 1 de agosto de 2020
MÁSCARA STEAMPUNK
Integrando el arte Steampunk, lo artesanal y la necesidad, hoy nuestro amigo Demián Amendolara nos recomienda un tutorial para crear una máscara y nos muestra la que hizo. ¡No está nada mal, si consideramos que es su primer intento, y sin máquina de coser ni cuero. ¡¡Intentalo!!
VIDEOJUEGOS Y APRENDIZAJE: BARAJAR Y DAR DE NUEVO, POR CARINA LION (PARTE 1)
ABRIR LA PUERTA PARA JUGAR
Ya hace unos años que me pregunto acerca del aprendizaje mediado tecnológicamente, en qué cambian las maneras de aprender cuando están mediadas por tecnologías. Estoy convencida de que aprendemos de diversas maneras, marcados y marcadas por trayectorias y recorridos que son únicos y en contextos sociales, culturales, políticos, familiares que nos atraviesan, nos influyen y nos interpelan. Se aprende desde la diversidad cognitiva, a partir de historias de vida; trayectorias y condiciones de posibilidad muy diferentes. Por eso, abrir puertas a experiencias divergentes puede ser un camino interesante para favorecer itinerarios formativos enriquecedores, personalizados y colectivos que resulten inspiradores para favorecer otros modos de aprender teniendo en cuenta los escenarios digitales contemporáneos. Hace tiempo Freinet nos alertaba en 1944 en su Guía práctica para la organización material, técnica y pedagógica de la escuela popular. “La escuela no prepara más para la vida […]. La verdadera formación de los niños, su adaptación al mundo actual y a las posibilidades de mañana, se practican cada vez más y de un modo más o menos metódico, fuera de la escuela”. (Freinet, 1944)
Esto es, dar lugar a la diversidad de aprendizajes que también ocurren fuera del aula; aulas porosas que ofrezcan anclajes a las trayectorias diversas; flexibles en tiempos y recorridos; a lenguajes expresivos múltiples (Eisner, 1998) en consonancia con la multialfabetización tanto en las estrategias de enseñanza como en las de evaluación. Entre todos los objetos de la cultura para el análisis de estos aprendizajes emergentes, elijo el de los videojuegos porque estoy también dedicándome a desarrollarlos y es una oportunidad para compartir algunas ideas.
(CONTINÚA...)
(CONTINÚA...)
PANDEMIA PASIVA, UN RELATO DE ÁNGEL TORRES
Viernes.
Se mantienen las indicaciones estrictas de “aislamiento social”. Cada uno en su casa, a menos que se realicen actividades consideradas servicios básicos.
Pero, sin aviso previo, esta madrugada comenzaron a aparecer, en la entrada de cada banco del conurbano bonaerense, grupos de personas, mayoritariamente ancianas, que se fueron colocando, unos junto a otros, en una fila humana inconcebible por la restricción de la pandemia.
Hacia las 8, la cola daba la vuelta a la manzana. Cada vez más abigarrada, más contundente. A los adultos mayores, de los primeros momentos, se sumaban muchos otros.
Más tarde comenzaron a aparecer otras gentes, rostros desangelados, ropas raídas, hombres flacos y vacíos, con el dolor del hambre en las miradas perdidas, mujeres embarazadas, con dos o más niños colgados de sus calzas descoloridas y un bebé dormido en sus brazos.
“Tengo que venir ahora, porque no sé cuánto les va a durar la plata en el banco. Y si no consigo la AUH, qué les doy de comer a ellos”, explica con su media lengua, entrecortada por la tristeza, una mujer de treinta y tantos, mientras amamantaba a una bebé de pelo ensortijado.
“No, yo hace seis horas que llegué. Vea, soy segunda en la cola. Cuando el banco abre vamos a ser los primeros en ser atendidos. Como yo no tengo cuenta ni tarjeta, desde febrero que no cobré un peso. Así que cuando ayer avisaron que hoy pagaban me preparé la sillita y me vine para acá con el mate. ¿Oiga, don, quiere uno?”
Más pronto que tarde, la fila era multitudinaria. La distancia “de protección social” se había transformado en los corrillos en los que los vecinos se agolpaban y discutían animadamente sobre la situación por la que atravesaban y los peligros de la pandemia.
Cerca de las 10 horas aparecieron dos móviles policiales. Cuando los vi, por la tele, pensé “ahora van a arreglar este tema, a poner distancia entre la gente, a darles números a los que está allí, apiñados, en fin a poner el orden imprescindible en época de cuarentena social obligatoria”.
Pero no. Se bajaron cuatro policías que se fueron derechito a la puerta de la sucursal del banco y se pararon delante de ella, como custodiando esa entrada, la que deberían utilizar a partir de las 10, los doscientos o trescientos que penaban por entrar.
Entonces me di cuenta que esa policía no estaba para ordenar esa fila bizarra de potenciales infectados futuros del coronavirus. Que no había pasado por su cabeza, ni por la de quienes los mandaban, hacer algo para mejorar la situación de los que allí estaban, prevenir el contagio entre ellos, cuidar de los ancianos más vulnerables o de los bebés y mamás embarazadas.
No. Estaban para proteger la sucursal del banco.
El bizarro espectáculo continuó toda la jornada. No sólo en el conurbano. En la mayoría de las ciudades del país se multiplicaban las mareas humanas de desesperados, de personas a las que, hace rato, se las excluyó, no solamente de la economía nacional, sino de la posibilidad de sobrevivir con un poco de dignidad.
Esa gente, para los que debieran protegerlos, no cuenta. Son un nuevo tipo de “desaparecidos”.
Con un anuncio masivo y mal coordinado, estructurado y comunicado, vuelcan a las calles a miles de personas, en todo el país, para conseguir nada más que lo que les corresponde, por un principio básico y elemental de humanidad: la posibilidad de comer y de dar alimento a los suyos. Algo no está funcionando bien en esta sociedad.
Algo no está funcionando bien en la burocracia, que debiera responder a las iniciativas de los gobiernos, en aras de proteger a los seres humanos. No a los bancos.
Algo falló.
Luego vendrán las reconvenciones, las disculpas, las lamentaciones, las correcciones.
Una vez más, si Dios quiere, no habrá una explosión de contagios por coronavirus; no por los que estaban paseando por Europa y pensaron que a ellos no les iba a tocar. No por los que desde Miami miraban la película como si ocurriera en otro mundo. No por los que regresaron en sus vuelos, cruceros y autos, desde lugares de alto riesgo, como si ellos no tuvieran porqué dar explicaciones de dónde y con quién habían estado.
No por los que, con dinero suficiente, escaparon de sus casas para refugiarse herméticamente en mansiones, con la comodidad insolente de llevar consigo a su servicio doméstico, para que no les falte “nada” y sin importarle en lo más mínimo el personal.
Simplemente, no habrá una tragedia viral de contagios en los próximos días, porque “Dios es argentino”.
Se mantienen las indicaciones estrictas de “aislamiento social”. Cada uno en su casa, a menos que se realicen actividades consideradas servicios básicos.
Pero, sin aviso previo, esta madrugada comenzaron a aparecer, en la entrada de cada banco del conurbano bonaerense, grupos de personas, mayoritariamente ancianas, que se fueron colocando, unos junto a otros, en una fila humana inconcebible por la restricción de la pandemia.
Hacia las 8, la cola daba la vuelta a la manzana. Cada vez más abigarrada, más contundente. A los adultos mayores, de los primeros momentos, se sumaban muchos otros.
Más tarde comenzaron a aparecer otras gentes, rostros desangelados, ropas raídas, hombres flacos y vacíos, con el dolor del hambre en las miradas perdidas, mujeres embarazadas, con dos o más niños colgados de sus calzas descoloridas y un bebé dormido en sus brazos.
“Tengo que venir ahora, porque no sé cuánto les va a durar la plata en el banco. Y si no consigo la AUH, qué les doy de comer a ellos”, explica con su media lengua, entrecortada por la tristeza, una mujer de treinta y tantos, mientras amamantaba a una bebé de pelo ensortijado.
“No, yo hace seis horas que llegué. Vea, soy segunda en la cola. Cuando el banco abre vamos a ser los primeros en ser atendidos. Como yo no tengo cuenta ni tarjeta, desde febrero que no cobré un peso. Así que cuando ayer avisaron que hoy pagaban me preparé la sillita y me vine para acá con el mate. ¿Oiga, don, quiere uno?”
Más pronto que tarde, la fila era multitudinaria. La distancia “de protección social” se había transformado en los corrillos en los que los vecinos se agolpaban y discutían animadamente sobre la situación por la que atravesaban y los peligros de la pandemia.
Cerca de las 10 horas aparecieron dos móviles policiales. Cuando los vi, por la tele, pensé “ahora van a arreglar este tema, a poner distancia entre la gente, a darles números a los que está allí, apiñados, en fin a poner el orden imprescindible en época de cuarentena social obligatoria”.
Pero no. Se bajaron cuatro policías que se fueron derechito a la puerta de la sucursal del banco y se pararon delante de ella, como custodiando esa entrada, la que deberían utilizar a partir de las 10, los doscientos o trescientos que penaban por entrar.
Entonces me di cuenta que esa policía no estaba para ordenar esa fila bizarra de potenciales infectados futuros del coronavirus. Que no había pasado por su cabeza, ni por la de quienes los mandaban, hacer algo para mejorar la situación de los que allí estaban, prevenir el contagio entre ellos, cuidar de los ancianos más vulnerables o de los bebés y mamás embarazadas.
No. Estaban para proteger la sucursal del banco.
El bizarro espectáculo continuó toda la jornada. No sólo en el conurbano. En la mayoría de las ciudades del país se multiplicaban las mareas humanas de desesperados, de personas a las que, hace rato, se las excluyó, no solamente de la economía nacional, sino de la posibilidad de sobrevivir con un poco de dignidad.
Esa gente, para los que debieran protegerlos, no cuenta. Son un nuevo tipo de “desaparecidos”.
Con un anuncio masivo y mal coordinado, estructurado y comunicado, vuelcan a las calles a miles de personas, en todo el país, para conseguir nada más que lo que les corresponde, por un principio básico y elemental de humanidad: la posibilidad de comer y de dar alimento a los suyos. Algo no está funcionando bien en esta sociedad.
Algo no está funcionando bien en la burocracia, que debiera responder a las iniciativas de los gobiernos, en aras de proteger a los seres humanos. No a los bancos.
Algo falló.
Luego vendrán las reconvenciones, las disculpas, las lamentaciones, las correcciones.
Una vez más, si Dios quiere, no habrá una explosión de contagios por coronavirus; no por los que estaban paseando por Europa y pensaron que a ellos no les iba a tocar. No por los que desde Miami miraban la película como si ocurriera en otro mundo. No por los que regresaron en sus vuelos, cruceros y autos, desde lugares de alto riesgo, como si ellos no tuvieran porqué dar explicaciones de dónde y con quién habían estado.
No por los que, con dinero suficiente, escaparon de sus casas para refugiarse herméticamente en mansiones, con la comodidad insolente de llevar consigo a su servicio doméstico, para que no les falte “nada” y sin importarle en lo más mínimo el personal.
Simplemente, no habrá una tragedia viral de contagios en los próximos días, porque “Dios es argentino”.
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